Chusen, tejidos empapados de color.

July 23, 2018

La elección del cuenco en la ceremonia del té, el jarrón que realza el arreglo de ikebana, o la relación entre atador (cuerda) y atado en una sesión de shibari. En la cultura japonesa el proceso de creación se convierte en un acto espiritual y social en el que el artesano, el material y la herramienta se relacionan como iguales, colaborando entre si para obtener un resultado final armonioso con nuestro entorno y con nosotros mismos. 

 

En la era Edo (s.XVII) los tintoreros se reunieron a lo largo del río Tagawa, en la prefectura de Tochigi, al norte de Tokio. Incentivados por la próspera producción de algodón local crearon un gremio tintorero y los tejidos teñidos que produjeron en esta zona fueron conocidos como Miyazome. En el período Meiji (s.XIX) como respuesta a una mayor demanda por artículos de algodón, se crea la técnica de teñido "chusen". De esta forma se abarataba la producción ya que no era necesario crear diferentes plantillas para cada diseño. Actualmente estudiantes de diseño y de bellas artes se acercan al método chusen con un interés renovado, buscando nuevas posibilidades. Aunque esta técnica también se utiliza para teñir tela para yukatas, hoy en día es el resurgir del tenugui lo que hace que los artesanos del miyazome mantengan sus talleres en activo. 

 

Un tenugui es un simple rectángulo de algodón con los orillos naturales dados por el telar y con lo extremos sin rematar. Originalmente era un artículo utilizado en la corte o en ceremonias religiosas. Cuando el algodón se abarató el tenugui se hizo más generalizado y sus usos más diversos: como accesorio de moda, en el onsen o en deportes como kendo, el tenugui se convirtió en parte de la vida cotidiana en Japón. 

 

También los artistas vieron en el tenugui un lienzo en blanco donde crear bellas ilustraciones. De esta manera, los tenuguis se convirtieron en pequeños lienzos que exponían las últimas tendencias estéticas y técnicas. Así la aparente sencillez del tenugui esconde los detalles de un sofisticado proceso que permite conseguir un resultado de alta calidad tanto en términos de manufactura como en calidad artística. Todo el proceso se realiza de forma manual, desde el diseño y corte de las plantillas, hechas de papel washi e impregnadas con jugo de kaki, hasta la pasta de algas para delimitar las zonas que van a ser teñidas. 

 

Los colores se vierten sobre el tejido con habilidad y decisión. Una operación ambidiestra donde la coordinación y la soltura de las manos es clave. Si el diseño lo requiere el artesano vierte tinte y agua a la vez, diluyendo así el tinte estratégicamente de forma que se creen hermosos degradados de color también conocidos como “ombre”. 

 

Con esta técnica de vertido de tinte el color no se queda en la superficie sino que penetra el tejido impregnando el interior de las fibras. El resultado es una tela que no tiene frente o parte posterior, porque ambos lados son idénticos. Esta es una de las principales características y virtudes del método chusen; el respeto hacia el algodón hace tratar ambos lados del tejido con el mismo cuidado y aprecio.

 

Debajo de la mesa de trabajo una bomba de succión es operada a intervalos por el pie del artesano. Los colores son rápidamente succionados hacia abajo atravesando las capas de tejido, logrando una gran definición de los colores y los contornos del diseño.

 

Finalmente los paños de algodón teñido se secan naturalmente al sol y al aire fresco, evitando que los filamentos se destruyan y haciendo que la tela esté bien ventilada.

Porque el tinte esta en el corazón de las fibras los colores son duraderos permitiendo al algodón envejecer con gracia adoptando un tacto suave y una apariencia vintage, cómo si de un par de jeans se tratara. 

 

Un complicado proceso para un producto básico y sencillo, sin grandes ostentaciones. Cada detalle es llevado a cabo con dedicación y consciencia. Pero en este mundo nada es perfecto. Cada pequeña imperfección en el resultado final será valorada, no como un defecto sino como un rasgo individual, convirtiendo cada diseño chusen en único y personal. Y así, al igual que las personas, no encontraremos dos tenuguis ni iguales ni perfectos.

 

(Artículo publicado en la revista Eikyo, Influencias Japonesas, Julio 2018.)

 

 

 

 

 

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